Un futuro poco prometedor

Un futuro poco prometedor
Un futuro nada prometedor

Por: Diana Silva 

Vivimos en mundo en el que la velocidad es nuestro principal valor y a la vez enemigo. En un entorno tan cambiante y con un futuro tan incierto para las empresas, instituciones y las personas, el desafío de los líderes de hoy es poder gestionar de manera eficiente sus organizaciones teniendo, en medio de la volatilidad, una única constante: defender la dignidad y la calidad del trabajo.

Es por ello, que la OIT reunió este año, alrededor de 6000 delegados de todo el mundo en la 108ª Conferencia Internacional del Trabajo, cuya discusión giró en torno a encontrar las soluciones a los desafíos del trabajo a nivel mundial. Uno de ellos es el nuevo panorama de incertidumbre y de cambios constantes, por lo que es de suma importancia la formación permanente y la capacidad de aprender y desaprender.

El trabajador de hoy y del futuro deberá ser capaz de adaptarse a los nuevos entornos y de aprender diferentes habilidades para afrontar con éxito las vicisitudes del mañana, y por ello es vital la formación para mejorar la empleabilidad de las personas.

Asimismo, la inteligencia artificial ha llegado a nuestro mundo para quedarse. Para nadie es un secreto que hoy en día muchos puestos de trabajo están siendo automatizados, por lo que la tecnología ha trastocado el viejo paradigma en donde la fuerza laborar era exclusivamente humana. Además de ello, las nuevas formas de trabajo están rompiendo con todos los modelos; por lo que la preocupación mundial versa sobre las condiciones de estas nuevas modalidades y de los perfiles profesionales que deberán tener los empleos para hacer sostenible la economía.

Otro de los desafíos está relacionado con la calidad del trabajo y del valor que ésta aporta en la economía familiar, las cifras nos muestran que 700 millones de personas (según datos de la OIT) en el mundo viven en situación de pobreza extrema o moderada pese a tener empleo, un panorama preocupante que nuestros líderes deberán discutir y plantearse una mirada más rigurosa en cuanto a las políticas laborales existentes, en si éstas son las más adecuadas y, lo más importante, si se cumplen o no.

La brecha de género también sigue siendo una crítica constante a todos los países, dado que la tasa de participación laboral femenina sigue estando por debajo de la de los hombres, con 48% frente al 75% de éstos últimos, por lo que no podemos hablar de igualdad.

Como vemos, realmente es un desafío el que tienen los líderes mundiales, pero también nuestras generaciones (X, Y o Millennials y Z o, Centennials o como quieran denominarlos) puesto que lo que ahora hagan nuestros gobiernos será nuestra herencia más tarde. Por ello es vital que exijamos a nuestros representantes poner el foco en mejorar las políticas económicas, educativas, laborales y en general todo aquello que nos impacta directa o indirectamente.

Me quedo con una frase del primer ministro de Portugal, Antonio Costa, que nos dice que el futuro dependerá de la voluntad de las personas y de las decisiones que éstos tomen y le agrego que somos los ciudadanos de a pie los llamados a que esas voluntades se muevan.

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Diana Silva

Licenciada en Comunicación Social por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Estudiante de Máster en Dirección de Recursos Humanos por la EAE Business School de Madrid. Apasionada por el aprendizaje continuo y enfocada en el desarrollo y gestión de personas.
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