“SE CAG… ESE CONCH…”

“SE CAG… ESE CONCH…”

Por: Abraham Rivas Lombardi

Se llama Jhosept Amado Pérez Mimbela, es congresista por APP (Acuña S.A.) en representación de Ancash y el 05.07.2020 insultó al Presidente de la República con la frase del titular, durante el Pleno Extraordinario que discutía la eliminación de la inmunidad parlamentaria. Tras escabullirse por 26 días, el 31.07.2020 fue identificado por la Comisión de Ética Parlamentaria. Pidió disculpas públicas y volvió al anonimato. Cuando esperábamos que este tipo de incidentes no se repitieran, la madrugada del 04 de Agosto el Congreso lo volvió a hacer y rechazó la investidura del Gabinete presidido por Pedro Cateriano, dándole un portazo al plan de salida  del señor Vizcarra y de paso generando una crisis de gobernabilidad en el país.

Un poco de memoria. El mandatario dirigió su mensaje al país el 28 de Julio último. Si bien conforme el Art. 118° inciso 7 de la Constitución este discurso debía contener el informe de la situación del país y proponer las mejoras y reformas al Congreso, tenía dos componentes determinantes: la pandemia del COVID-19 y su carácter de último mensaje de este presidente.

La alocución mortificó a tirios y troyanos, triunfalismo en medio de la peor crisis económica y de salud desde 1990 (Hiperinflación, caos social y terrorismo), cero autocrítica y propuestas inconexas de quien parecía no entender que está terminando su mandato. La cereza del pastel, su falta de entereza para decirle al país que el número de muertos por la pandemia sería de dos a tres veces más alto que las cifras oficiales: los 45,000 fallecidos se los dejó a la ministra Mazzetti (30.07.2020).

Se esperaba entonces la presentación del primer ministro Cateriano, quien venía buscando afanosamente el voto de investidura (cuestión de confianza) y cuyo discurso exponiendo la política general del gobierno ante el Congreso (Const., Art. 130°), podía darnos luces de cómo estaba estructurada la salida del régimen del señor Vizcarra.

Cateriano, aplicado, hizo su tarea, tres horas y media exponiendo un sinfín de medidas generales y sectoriales, asignando millones de millones de soles y, como prometió, poniendo énfasis en el aspecto económico. Más que un mensaje para el año final, parecía trazar los lineamientos de un Gabinete de medio período. Un análisis medianamente sensato de las bancadas debía apuntar a que era mejor un tipo que intentara mantener a flote los restos del “Titanic”[1] vizcarrista que una versión reloaded del primer ministro Zeballos. Entonces, el diablo metió la cola.

En dos entregas previas[2] ya habíamos advertido sobre los riesgos que para la estabilidad democrática del país representaba este Congreso surgido de las maquinaciones del presidente Vizcarra y su entorno, con la activa colaboración de la concentración de medios. La cuestionable disolución del anterior Parlamento dio lugar a unas elecciones complementarias sin publicidad ni campaña que engendraron este Legislativo, pletórico de novatos en política y que actúan en función de los intereses electorales cuando no pecuniarios de sus líderes. Asimismo, señalamos que la posición del Poder Ejecutivo se debilitaba no solo por la inexplicable e inédita ausencia de una bancada oficial – soberano error de Vizcarra – sino porque a partir del 27.07.2020 el presidente perdía la facultad constitucional de disolución del Congreso.

Salvando las objeciones ideológicas del Frente Amplio – siempre votarán contra todo lo que no sea la dictadura del proletariado – y del FREPAP, el resultado del 04.08.2020 revela una vez más que las bancadas han priorizado los intereses político-electorales de sus jefes – Antauro, Acuña, Luna, Urresti – por sobre la gobernabilidad del país en medio de la coyuntura más crítica que afrontamos en los últimos treinta años y cuyo desenlace aun no conocemos. Las balbuceantes respuestas de los parlamentarios a la pregunta puntual de por qué votaron contra la confianza nos releva de mayor comentario. Cuando la prioridad es la voluntad de mi caudillo, no hay negociación o concesión que el Poder Ejecutivo pueda ofrecer. El presidente Vizcarra cosechó lo que sembró.

Una reflexión final. El gen cainita no es ajeno al Congreso peruano. El 03.09.1879, en plena guerra con Chile – el ministro de Hacienda Quimper presentó al Parlamento un proyecto de ley de impuestos al capital para financiar a las tropas en el sur. El Senado rechazó la iniciativa y la Cámara de Diputados censuró al ministro, quien terminó privado de su libertad. Año y medio después la Expedición Lynch destruyó los ingenios azucareros de varios de aquellos senadores y diputados. Como vemos, Caín goza de buena salud en el Perú.

[1] Famoso trasatlántico británico que naufragó en 1912.

[2] “Congreso vs Ejecutivo: Precario equilibrio” (03.03.2020) ; “Y el Congreso mientras tanto” (18.05.2020).

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Redacción

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