QUERECOTILLO EN LA HISTORIA DE PIURA Y DEL PERÚ

QUERECOTILLO EN LA HISTORIA DE PIURA Y DEL PERÚ

Por Edwin A. Vegas Gallo

Para el historiador y geógrafo Mariano Felipe Paz Soldán, el topónimo “Querecotillo” tiene su origen en la voz quechua “quereccoto”. “Quero” madera y “Ccoto”: montón, cantidad. Así se entiende Querecotillo, como lugar de “abundante madera”. Este significado según Guillermo Burneo Cardó, guarda coherencia con “Kerucot-Quilla”, que significa “árboles para la luna”, lo que reconstruye el pasado pre hispánico del Distrito, que en su momento fue un inmenso bosque de algarrobos, con trinar de aves.

Refieren las cronistas hispánicos, que Francisco Pizarro, Francisco de Jerez y Miguel de Estete, desembarcados en Tumbes, mayo 1532; iniciaron una travesía por quebradas, sierras y después de tres días llegaron a un río que se decía Turcarami. Posteriormente se aposentó el conquistador, en un pueblo grande Puechio (Poechos), en donde se reunió con varios caciques y los poblanos que salieron a recibirlo al camino.

Cumplida la visita a Poechos, Pizarro prosiguió la jornada hasta toparse con robustos algarrobos, cuyos densos follajes no permiten sino filtrar los rayos solares de modo impresionante, formando una alameda verde que abraza al pueblo de Querecotillo, el pueblo de los bosques que recuerda la etimología y la memoria ecológica.

Fue en las arboledas de Querecotillo, en donde el conquistador Pizarro se encontró con el Cacique Maizavilca, señor de Poechos. No teniendo el Cacique nada que ofrecer, regaló al caudillo barbudo, como anota Antonio del Busto a su sobrino – que en aquel entonces tendría unos catorce años – y que los soldados dieron en llamarlo Martín, pero por la simpatía del rapaz terminaron nombrándolo “Martinillo de Poechos” el que asistió a la fundación de San Miguel de Tangarará y conocía la lengua quechua y castellana y por sus habilidades en el dominio de la lengua, competía con Felipillo el tumbesino en el arte de traducir. El cronista Estete, confirma que Hernando de Pizarro llevaba a la grupa a Martín indio lengua, que le cupo un rol protagónico en la captura del Inca Atahualpa en Cajamarca. Estos son acontecimientos que sucedieron en nuestra tierra y debemos recordarlos como parte de la historia de Piura.

Refiere López Albújar que la afamada Villa de Querecotillo es la tierra de los Gallos, Colomas, Calderones, Campos y Carreños. Querecotillo a diez kilómetros de Sullana, partiendo del “bebedero de la Peña” pasando por Marcavelica y Salitral, siguiendo de frente hasta encontrarse con una torre, en donde hay un reloj que da muy buenos cuartos y sin interés alguno (La vieja Iglesia derrumbada por el terremoto de Diciembre 1970).

El Señor de la Buena Muerte de Chocán, Patrono de Querecotillo, es parte de esa tradición viva y gozosa de nuestro pueblo. A Él acudimos para pedirle su bendición como los hicieron nuestros abuelos y los padres de aquellos. Este es un mandato cristiano, pero también un motivo superior que nos liga con amor a nuestra tierra. Por eso, acudimos a los pies del Señor a pedirle nos ilumine y dé luz a nuestro entendimiento pero también talante humano a nuestro corazón, más aún en esta pandemia.

Refiere la tradición que durante la ocupación chilena, la soldadesca irrumpió en las apacibles picanterías querecotillanas, en donde frente a sus improperios y abusos se encontraron con un baño de chicha hirviendo, a los que se sumaron las piedras y los garrotazos, dando origen a esa frase de fervor cívico que dice ¡querecotillano!, con chicha nace y con chicha se defiende!”. No es otra la tradición que se refiere al percance del chivo maromero de un circo, de esos que recorren pueblos, que aquí en Querecotillo fue “convertido en seco como para chuparse los dedos”.
No puedo obviar en esta crónica a un personaje ilustre del Distrito, como José María Raygada Gallo (1795-1859), nacido el 18 de diciembre de 1795, de sus padres don Roque Raygada y doña María Antonia Gallo; con una envidiable hoja de servicios militares y políticos, llegando a asumir, por encargo la Presidencia del Perú, en interinato que duró del 1 de abril de 1857 al 24 de octubre de 1858 y cuyos restos mortales descansan en el Panteón de los Próceres.

Querecotillo, para un hijo de esta tierra, es un hondón del alma que nos acompaña siempre y reposa la venerable heredad de nuestros padres y ancestros. Hoy con la misma lealtad y fervor que en mi otrora tiempo, evoco su paisaje y lo recuerdo, con mi gratitud y cariño de siempre. Siento me nutro en lo más profundo de mi alma, con esa energía cósmica ancestral. Siento que me reencuentro con la alegría vocinglera de mi pueblo, como diría el tondero “en busca de mi gallada recordando viejos tiempos hasta la vuelta paisanos”.

Déjanos tu comentario

Redacción

Equipo redactor de Valor.Pe
Cerrar menú