“PAÍS DE DESCONCERTANTES GENTES…”

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Por: Abraham Rivas Lombardi 

Se atribuye a nuestro inefable tahúr político Nicolás de Piérola[1] la frase que resumía su visión del Perú: “País de desconcertantes gentes esparcidos en un inmenso territorio.” Que las elecciones en nuestro país producen un suspenso que haría empalidecer a las películas del gran Hitchcock, lo confirman los sondeos de opinión que revelan que a un mes de los comicios ningún candidato alcanza el 15% de intención de voto y que existe un bolsón superior al 35% que no ha definido su sufragio o que votará blanco o viciado y, lo que es más grave, casi el 40% no está nada interesado en las elecciones. ¡Espeluznante!.

A diferencia de las cuatro últimas elecciones esta vez no hay un candidato puntero con una sólida tendencia superior al 25% – Toledo (2001), Humala (2006 y 2011), Fujimori (2016) – y dos o tres peleando el paso a la segunda vuelta – García y Flores (2001), García y Flores (2006), Fujimori y PPK (2011), PPK y Mendoza (2016) – sino media docena de postulantes por debajo del 10% de intención de voto.

Este escenario de desconexión elector-elección es muy parecido a los comicios para Alcalde de Lima Metropolitana de 2018, donde semanas antes del acto electoral casi el 60% de los electores no estaban interesados ni tenían definido su voto. En ese contexto, la sobria presentación de Jorge Muñoz en el primer debate municipal hizo “click” con el votante y en menos de dos semanas subió de 3% a 36%, ganando la Alcaldía Metropolitana.

La gran diferencia es que no estamos ante la elección de un Alcalde, sino del Presidente y cabeza del gobierno que tendrá el reto histórico de liderar la reconstrucción del Perú en medio de la pandemia del COVID-19 y asumir las consecuencias sociales, económicas y estructurales de esta tragedia nacional. A menudo considero que este desafío solo tiene dos precedentes: Cáceres en 1886, tras la finalización de la devastadora Guerra del Pacífico y Fujimori en 1990 tras el desastre económico de García I y bajo ataque de las oleadas terroristas de Sendero Luminoso y el MRTA.

Que tengamos este tenebroso panorama electoral tiene consabidas explicaciones. La ciudadanía está harta de los políticos, ¿Se acuerdan de la muletilla “no me representa”? La sucesión de una multitud de autoridades y funcionarios procesados por corrupción, en todos los niveles de gobierno, ha liquidado el prestigio de los políticos ante el elector y, lo que es peor, peligrosamente viene deslegitimando a la propia democracia.

La ENHO 2019 del INEI[2], es decir pre-pandemia y en pleno choque Vizcarra-Congreso y del affaire Odebrecht arrojó que a nivel nacional el 56.2% de la población consideraba que la democracia funcionaba mal o muy mal, contra 37.6% bien o muy bien y un 6.1 que no sabe. Si vamos al Latinobarómetro 2018 – el más reciente publicado – en el caso peruano el apoyo a la democracia descendió de 61% en 2010 a 43% en 2018, con un 27% a los que daba lo mismo un régimen democrático o uno no democrático y un 17% que prefería un gobierno autoritario. ¿Entienden ahora por qué UPP, PODEMOS y el FREPAP ganaron las elecciones legislativas complementarias de Enero 2020 que engendró el vacado Vizcarra?.

Otra explicación es que no tenemos partidos políticos, por más que veamos pulular en los medios a decenas de siglas y nombres pomposos. Como hemos señalado reiteradamente, tenemos proyectos personalísimos y clubes electorales, cuando no franquicias sustentadas en los apetitos individuales de personas. Por ende, no hay líneas matrices de pensamiento, visiones de Estado y planes de gobierno de dimensión nacional, sustentados por equipos ideológica y programáticamente identificados. Esa es la desgracia presente del Perú y el gran riesgo del proceso electoral 2021.

¿Qué puede pasar de aquí al 11 de Abril? A priori tengo la esperanza que el elector peruano in extremis vote sabiamente como en anteriores ocasiones. Frenó al cuestionado García en 2001, nos libró del Humala chavista en 2006 y solo lo eligió en 2011 cuando se comprometió a respetar el sistema democrático; y en 2016 le arrebató la victoria a Fujimori para evitar un copamiento absoluto del poder similar a 1992-2000. Empero, esta esperanza tiene un severo hándicap: ¿Qué tan grande es el nivel de indignación y hartazgo de la ciudadanía con sus políticos? … por eso aquello de “País de desconcertantes gentes…”

[1] Jefe Supremo 1879-1881 y Presidente Constitucional de la República 1895-1899.

[2] Fuente: Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), Encuesta Nacional de Hogares (ENHO) 2019,

*Imagen: Diario El Comercio

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Redacción

Equipo redactor de Valor.Pe