OPORTUNIDADES PERDIDAS

En este momento estás viendo OPORTUNIDADES PERDIDAS

Por: Abraham Rivas Lombardi

 Con la sentida muerte de Luis Bedoya Reyes, el célebre “Tucán”, el Perú pierde al último de los grandes demócratas de siglo XX. Líder político, constituyente, ministro de Estado, dos veces Alcalde de Lima y otras tantas candidato presidencial, Bedoya recogió en su retiro personal, de tirios y troyanos, los justos reconocimientos y calidez que se le negaron en el fragor político. En estos días volví a escuchar aquella frase ¡Qué presidente se perdió el Perú!, como tardío homenaje a quien nuestras veleidades electorales le impidieron ser Presidente de la República.

Momentos como éste me invitan a ver en perspectiva la historia de la segunda parte del siglo XX, flor de marchas y contramarchas, de grandes esperanzas y decepciones y comprobar las oportunidades perdidas por el Perú al privarse del gobierno de hombres de la talla de Víctor Raúl Haya de la Torre (1962 y 1963), el propio Luis Bedoya Reyes  (1980 y 1985) y Javier Pérez de Cuéllar de la Guerra (1995). ¿Qué pudo ocurrir? Permítanme conjeturar sobre una historia contemporánea paralela, conducida por la irreprimible libertad de la imaginación.

En 1962 un maduro Haya de la Torre ganó las elecciones con las renovadas ideas de “Treinta años de aprismo” y aupado por el apoyo norteamericano, interesado en plagar Latinoamérica de gobiernos afines a la “Alianza para el Progreso” Kennedyana. No haber alcanzado el tercio de votos válidos impidió su investidura y cuando un pacto parlamentario in extremis aseguraba la elección de Odría en defecto de Belaúnde, Pérez Godoy y sus compinches derrocaron a Prado y forzaron nuevas elecciones. En 1963 el veto militar pesó decisivamente y Haya perdió con Belaúnde.

El gobierno reformista de Belaúnde comenzó despertando grandes esperanzas, pero pronto perdió fuelle por la ralentización de sus reformas, la desigualdad económica del país, la fuerte oposición apro-odriísta y los propios conflictos al interior de AP, hasta el escándalo de La Brea y Pariñas ¿Haya lo hubiera hecho mejor que Belaúnde? Es muy probable. La APRA tenía frescos los ejemplos de los gobiernos AD de Betancourt y Leoni en Venezuela o los gobiernos PLN de Figueres y Orlich en Costa Rica. Era previsible una mayor intensidad en las reformas, un liderazgo personal poderoso y la propia fortaleza del partido de gobierno para sostener el proyecto político y… posiblemente nos habríamos ahorrado a Velasco Alvarado.

En 1980, en vísperas de la desgraciada década de los 80s, Belaúnde, Bedoya y Villanueva competían por reconducir al Perú a la democracia tras doce años de dictadura militar. El florido y condescendiente discurso de Belaúnde, así como un tufillo de reivindicación ciudadana por el golpe de estado de 1968, contrastaron con el tenor enérgico y sincero de Bedoya. Ganó el elegante arquitecto, ignorante del fenomenal lío que tenía por delante. Inflación, crisis de la deuda externa, irrupción de Sendero Luminoso y un descomunal Fenómeno del Niño, sobrepasaron las fuerzas de Belaúnde y debilitaron las bases socioeconómicas del país.

¿Bedoya lo hubiera hecho mejor que Belaúnde? Quedan pocas dudas. Belaúnde decidió convivir con la herencia militar y no acometer las reformas que proponía la Constitución de 1979 en cuya elaboración estuvo el PPC y no AP. Es factible que Bedoya impulsara el esfuerzo económico privado – diez años antes que Fujimori – redimensionara el aparato estatal y enfrentara con mayor anticipación y decisión a SL, por ejemplo cuando el general Balaguer reveló el plan senderista (1980) y el ministro De la Jara lo despachó para Washington. Además… nos habríamos ahorrado al primer Alan García.

En 1985 el pueblo peruano estaba literalmente hipnotizado por García. Las fábulas de candidato aprista – “El futuro diferente”– encandilaron al electorado, harto de años de crisis generalizada. Ni Bedoya, ni Barrantes tuvieron oportunidad. ¿Bedoya lo hubiera hecho mejor que García? Aquí no hay duda alguna. El primer García lo hizo todo mal. Destrozó la economía nacional, infestó de corrupción el aparato público, polarizó la política nacional, dejó avanzar a SL y el MRTA hasta convertirlos en una amenaza para la estabilidad misma del Estado peruano, entre otros estropicios. Si existían dudas sobre 1980, en el caso de 1985 no hay incertidumbre: Bedoya hubiera sido mejor presidente.

En 1995 el fenómeno se repitió cuando un agradecido pueblo peruano prefirió a Fujimori por encima del ilustre Pérez de Cuéllar y lo reeligió holgadamente; previsiblemente en reconocimiento al fin de la hiperinflación, la derrota de SL y el MRTA y la paulatina recuperación económica. ¿Pérez de Cuéllar lo hubiera hecho mejor que Fujimori? Las bases económicas ya estaban asentadas y las reformas encaminadas, tal vez la velocidad de su implementación hubiera marcado la diferencia. Empero, no debemos olvidar que en el período 1995-2000 el régimen fujimorista forja su definitiva alianza con los oscuros designios de Montesinos, envilecen la política, corrompen las instituciones, pervierten a la sociedad e intentan eternizarse en el poder por cualquier medio.

Evidentemente aquello no hubiera ocurrido con Pérez de Cuéllar en el gobierno y tal vez nos habríamos ahorrado esa polarización pro y antifujimorismo que ha signado nuestra política los primeros veinte años del siglo XXI, lastrado la reconstrucción de un nuevo sistema de partidos y que explica en mucho la presente incertidumbre nacional tras la destrucción del período 2016-2021.

Como anticipé lo expuesto aquí queda en el vasto y etéreo terreno de la conjetura, pues el electorado peruano de 1962, 1963, 1980, 1985 y 1995 decidió dentro de su propio contexto histórico y conforme a sus propias aspiraciones personales y colectivas. En el caso de estos ilustres demócratas solo me queda decir que se los perdió el Perú, lástima.

Imagen: Diario Gestión

Déjanos tu comentario

Redacción

Equipo redactor de Valor.Pe