La Integridad

La Integridad

Por: Diana Silva Cruz

Hace unos días se me vino a la mente un tema que, estoy convencida, resulta vital para todos los ejercicios del ser humano: La integridad.

Según la RAE ésta se define como el adjetivo calificativo de una persona que es recta, proba, intachable, por lo que vendría a ser una virtud visto desde la filosofía de Platón y desde nuestra perspectiva, una competencia profesional necesaria para ser exitosos en la vida. ¿Pero, por qué deberíamos ser íntegros? ¿Mejoraría el mundo si nuestro fin fuese alcanzar la integridad, o mejor aún cambiaríamos como sociedad y país si el objetivo de nuestra educación fuera formar personas íntegras en vez de personas empleables?

Estas son interrogantes que también se han planteado personas como Cesar Bona, un maestro español elegido como uno de los 50 mejores profesores del mundo por el Global Teacher Prize, o más conocido como el Premio Nobel de los profesores. Uno de los supuestos de Bona es que se debe educar para la vida, es decir, el fin debería ser educar en creatividad, curiosidad, sensibilidad, emociones, respeto por las diferencias, pero sobre educar en empatía, todo lo cual repercutirá en una mejor sociedad.

Entonces podemos decir que hemos fallado y que lo seguimos haciendo, porque como diría Tarja Halonen, ex presidenta de Finlandia, “Un pueblo educado no permite corruptos e incompetentes” y de éstos abundan en el mundo entero y sobre todo en nuestro país.

El Perú, uno de los países que menos invierte en educación, es uno de los más famosos en casos de corrupción; ningún país tiene a tantos expresidentes procesados por la justicia debido a actos ilícitos y a políticos envueltos en casos de corrupción. Tal vez la relación en este caso sea directamente proporcional con el tema de la decadente educación de nuestro país, seguimos educando con el fin de subir escaños en las evaluaciones PISA, sin embargo, olvidamos lo esencial, educar en integridad y para el futuro.

Educamos pensando en la empleabilidad a corto plazo, pero el mundo exige cada vez más verdaderas competencias en el mercado y éstas están relacionadas con la inteligencia emocional, con la empatía, el trabajo en equipo y con los valores como profesionales (integridad).

Una persona que no es capaz de conectar con las demás (empatía), de escucharlas con atención para saber lo que necesitan o cómo ayudarlas está destinada al fracaso y esto puede extrapolarse tanto a las relaciones profesionales en el ámbito público, privado y social. Asimismo, el poder respetar, valorar y aceptar las capacidades de los demás es de suma importancia a la hora de conseguir un objetivo y por ello el trabajo en equipo es otra de las competencias más valoradas; pero de ellas la que corona a todas, desde mi punto de vista, es la integridad pues define al profesional, pero sobre todo a la persona que es capaz de actuar honestamente incluso en situaciones de riesgo, pero siempre siendo fiel a uno mismo.

Ser honesto y honrado no sólo es ser coherente, sino además recto de ánimo e intención, que haya una buena voluntad entre lo que se piensa y lo que se hace y para que exista honradez tienen que existir valores altruistas, de respeto y búsqueda por el bien común. El nivel más elevado de la honestidad, según Confucio, surge cuando alcanzamos un sentido de fraternidad y humanismo tal que tratamos a todas las personas como parte de nosotros mismos, y eso es lo que nos hace tanta falta a todos como seres humanos.

Si el objetivo de nuestra educación fuese formar personas integras, tendríamos verdaderos líderes que gobiernen, más profesionales competentes, un país y una sociedad más justa, y por supuesto nos haría mejores ciudadanos del mundo.

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Diana Silva

Licenciada en Comunicación Social por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Estudiante de Máster en Dirección de Recursos Humanos por la EAE Business School de Madrid. Apasionada por el aprendizaje continuo y enfocada en el desarrollo y gestión de personas.
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