El Agotamiento de Chile

En este momento estás viendo El Agotamiento de Chile
Crédito: Diario Uno

Muchos se preguntan en el exterior ¿qué le pasó a Chile? ¿Cómo fue posible que, sorpresivamente, dejó de ser “un modelo” en América Latina?

Escasos días atrás antes del estallido social, el Presidente Piñera, en una entrevista al Financial Times, se enorgulleció de que Chile fuera “un oasis” en América Latina. Los acontecimientos desde el viernes 18 de octubre lo desmintieron, poniendo de manifiesto que el malestar latente en la población proviene de tener una democracia semisoberana.

Los cambios en los regímenes políticos son gatillados por hechos puntuales, que actúan como precipitantes de carencias y limitaciones del sistema político. Bajo una aparente normalidad, un conflicto latente en la sociedad, no percibido por los gobernantes, sorpresivamente se transforma en un conflicto sistémico por el impacto de un hecho puntual. El aumento de la tarifa del metro fue el precipitante de la protesta social, que remeció al país y paralizó al Gobierno.

Una crisis integral

Los factores que llevaron al malestar político son múltiples y de diversa envergadura, que apuntan al sistema económico de neoliberalismo radical. Intervinieron factores estructurales y decisiones estratégicas que tienen que ver con el sistema económico. Destacan dos decisiones de los gobiernos de la Concertación.

La primera fue la estrategia de legitimación democrática en torno al crecimiento económico y optando por la continuidad y no por la reforma del sistema económico heredado. Se empleó una lógica tecnocrática, es decir, una visión racional y de expertos de la política y la economía. Se creyó que esta estrategia produciría bienes políticos para alcanzar una democracia plena. Economistas y sociólogos que apoyaron esta decisión olvidaron la historia de Chile –tuvo democracia en subdesarrollo y miseria– y la historia contemporánea, que muestra que la prosperidad provoca inestabilidad política, como escribió Tocqueville a la luz de la Revolución Francesa:

“A medida que se desarrolla en Francia la prosperidad, los espíritus parecen, sin embargo, más intranquilos, más inquietos; el descontento público se va agriando cada vez más; el odio a las antiguas instituciones va en aumento. La nación marcha visiblemente hacia una revolución”.

El mayor bienestar no produjo bienes políticos cuando la economía creció un 7% anual. En efecto, la satisfacción con la democracia, en vez de aumentar, cayó, como lo mostraron las encuestas del CERC. Este contraste fue confirmado por las encuestas del Latinobarómetro. ¿Cómo se podía esperar que la ciudadanía valorara el bienestar cuando el crecimiento bajó, los servicios públicos mostraron flaquezas y la autoridad fue indiferente?

La segunda también tuvo que ver con “el modelo”. El programa de “crecimiento con equidad” del Gobierno de Aylwin siguió un camino por etapas, una después de la otra. Primeramente había que crecer y solo después avanzar a la segunda etapa, que era disminuir las desigualdades. Los gobiernos de la Concertación no avanzaron a la segunda etapa.

Combatir las desigualdades se mantuvo en un horizonte lejano. Hasta en sus últimos escritos antes de fallecer, Edgardo Boeninger, influyente ministro del Gobierno Aylwin, reiteraba su énfasis en el crecimiento y condicionaba las políticas contra las desigualdades a que no lo pusieran en peligro, viendo ahí una contradicción y no una confluencia de políticas.

Albert Hirschman, que integró el consejo asesor de Cieplan, cuyo presidente fue Alejandro Foxley, ministro de Hacienda de Aylwin, advirtió de la inviabilidad de un programa de reformas por etapas, sugiriendo que debería desarrollarse simultáneamente. El primer camino conduciría a un atasco, es decir, a la detención de las programa de reformas, por la resistencia que llevarían a cabo los actores beneficiados en la primera etapa. Habría una primera, pero no una segunda etapa.

Esta tesis fue confirmada por la oposición al programa de reformas contra las desigualdades de la Presidenta Bachelet, que provino no solo de la derecha sino también de la antigua Concertación. La resistencia a las políticas de mayor igualdad fue sin pausa, ni concesiones.

No hubo sanción social a los líderes empresariales que incurrieron en estas conductas. Uno de los directores de la empresa involucrada, la CMPC Tissue, fue elegido presidente de la Sofofa, acompañado por consejeros elegidos que son altos ejecutivos de compañías que dieron financiamiento ilegal a parlamentarios y políticos.

Ello acentuó la baja confianza en empresas y empresarios y dañó aún más la imagen del sistema económico.

2015, el annus horribilis

Los partidos se desplomaron en su imagen ante la ciudadanía el 2015, cuando el Ministerio Público demostró la práctica ilegal de financiamiento de la política por importantes empresas. Ello puso de manifiesto la estrecha relación entre los legisladores y los empresarios, de lo cual daba cuenta una agenda legislativa y de gobierno amistosa con estos. Los partidos el 2018 eran considerablemente más débiles que el 2011, especialmente el PDC y el PS.

Esto ha sido evidente en esta crisis política, con dirigentes sin liderazgo para orientar las opiniones y actitudes de los chilenos y dar orientaciones para salir de la crisis.

También se conoció la colusión de precios por empresas, destacando el Confortgate, que se extendió entre 2000 y 2011. Este abuso reafirmaba anteriores casos de colusión, de farmacias y pollos.

Estos ilícitos no fueron sancionados. El Servicio de Impuestos Internos (SII) no presentó las querellas por los delitos tributarios por emitir boletas por trabajos no realizados (“ideológicamente falsas”). El nuevo Fiscal Nacional congeló las investigaciones. Un exsenador del PS criticó la labor del Ministerio Público que denunció estos hechos, afirmando que “los fiscales están para hacer justicia, no para gobernar”.

Conclusiones

El Presidente Piñera, los partidos de Chile Vamos y quienes son La Nueva Mayoría se encuentran en un momento decisivo. Las democracias ahora no se desploman por un golpe militar; tampoco mueren sorpresivamente. Se debilitan y decaen, convirtiéndose en democracias delegativas (O’Donnell, 1992) o populistas, en un proceso que se puede prolongar en el tiempo.

No hay recetas mágicas para salir de esta crisis. Es indispensable el liderazgo, especialmente del Presidente Piñera. Debiera cuidar cada una de sus decisiones y palabras, que hasta ahora no ha hecho, y tomar decisiones que demuestren su voluntad de querer sacar al país de la crisis.

Al cuarto día después del viernes 18, Piñera pareció tomar la iniciativa, con un país convulsionado, con tres días con estado de emergencia y toque de queda por la noche en casi todas las regiones. Anunció un conjunto de medidas que perfeccionan el “modelo”, con énfasis en políticas sociales, sin propuestas estructurales y sin rechazar la reintegración tributaria. No se busca cambiar el modelo, que se basa en el esfuerzo individual, rechazando la solidaridad.

Tampoco ha cambiado al gabinete, con ministros que han cometido demasiados errores. El nuevo debe ser distinto, sin empresarios y hombres de negocios, sino políticos, que impulse un programa de reformas, con énfasis en la reducción de las desigualdades, cambiar el sistema de AFP por otro, en el cual estas atiendan las pensiones de las personas de altos ingresos, como lo hacen las Isapres con el seguro de salud, y otro sistema, solidario, que atienda a la gran mayoría de la población.

Además, debe buscar una nueva Constitución, que considere los valores de todos los chilenos.

Para ello, Piñera deberá tomar distancia de sus intereses económicos. Lo que a mi parecer es muy difícil.

Estas reformas no debieran impulsarse “una después de la otra”, sino simultáneamente, con mesura y serenidad en la preparación de la nueva Constitución, que debe ser de todos, no solo de la minoría que sale a las calles a exigirla. No se debe tropezar en la misma piedra.

En una palabra, Chile debe avanzar de una democracia semisoberana a otra sin adjetivo.

Déjanos tu comentario

Viviana Salazar

Escritora e Internacionalista, con formación en el Área del Derecho se dedica a la investigación, capacitación y el apoyo de iniciativas ciudadanas que contribuyan al fortalecimiento de la cultura política humanista. Fundadora del grupo “Mujeres en el Mercosur” y "Directora Nacional de la Red Mundial de Jóvenes Políticos de Chile ha sido Asesora Legislativa en el Honorable Congreso Nacional de Chile e investigadora del Centro Comunidad y Democracia.