DIGNOS Y DOLIDOS, Analicemos el trasfondo de nuestras decisiones, para empezar a mejorarnos

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Por: Carlos Alva Díaz

Neurólogo, epidemiólogo e investigador

  1. El lenguaje no verbal no siempre se controla

Hace buen tiempo se sabe que el lenguaje no verbal es poco controlable y refleja, rápidamente, los sentimientos y pensamientos de una persona ante determinadas situaciones, sobre todo, si estas ocurren inesperadamente. La escena tan comentada entre los presidentes del Congreso y el Ejecutivo, que para muchos refleja, por lo menos  un desaire y, para otros, una muestra nítida del racismo y clasismo que persisten y cunden en nuestro país, también, refleja nuestra coyuntura política, que insiste en la polarización ciega (que tan malos resultados dio durante el último quinquenio) y que ha creado dos bandos entre buena parte de los peruanos, quienes se endilgan los títulos de dignos y dolidos, y su variante más zahiriente, los “cojudignos”.

 

  1. Los sentimientos y la razón, una continuidad para las decisiones

Se cree, cada vez menos, que los seres humanos tomamos decisiones racionales, o, cuando menos, con suficiente información para decidir. Sin embargo, numerosas investigaciones demuestran que nuestras decisiones no son racionales, o, al menos, no totalmente, si entendemos por racional lo contrario a lo emocional. En realidad, la mayoría de nuestras decisiones obedecen a mecanismos automáticos e intuitivos (como señalan los Nobel de Economía D. Kahneman y R. Thaler), los que, a su vez, están muy influenciados por nuestros sentimientos y deseos, procesos de los que somos menos conscientes. Tal es así que solo unas pocas de nuestras decisiones requieren un mayor marco de información y reflexión. Por lo tanto, sería mejor entender a los sentimientos y la razón como un continuo de procesos neurobiológicos que suceden en diferentes áreas del sistema nervioso, entre las redes del sistema límbico como de las regiones prefrontales del cerebro.

 

  1. De lo psicobiológico a lo social

El miedo y la ira son parte del bagaje de sentimientos que siempre nos acompañan, aunque no siempre queramos ni podamos reconocerlo. En este momento, la intensificación de la polarización social puede ser entendida debido al temor que generan propuestas vistas como lejanas a modos y ritmos de vida que muchos no quieren cambiar, por miedo a perder lo logrado en las grandes urbes de nuestro país. Por otro lado, está la ira contenida por aquellos que, a pesar de décadas de discursos de bonanza económica, nunca vieron los colegios, hospitales o carreteras ofrecidos en sus lejanos pueblos y que cuando obligados, tuvieron que migrar a las grandes ciudades, encontraron el rechazo, la discriminación y el insulto. Estos miedos e iras, se alimentan de las crueles y férreas raíces de inequidades sociales, basadas en el racismo y clasismo que persisten en el Perú, y sigue siendo la gran tarea pendiente para pensarnos como país o como una nación, una que sí pueda cobijar a todos los peruanos, reconociendo su raza, origen, credo y condición sin discriminación de ningún tipo. Esta tarea no solo es un deber del Estado, y de los diferentes gobiernos que lo administran, sino que es, fundamentalmente, una tarea que cada uno de nosotros debemos asumir ahora mismo.

 

  1. Perspectivas individuales y colectivas

Esta polarización política, sino destruye todo en una lucha encarnizada entre los ahora dignos y dolidos, podrá ser resuelta si es que entendemos y cuestionamos las bases de nuestros propios sentimientos, es decir, antes de juzgar (condenar y estigmatizar) a quienes no decidieron como nosotros debemos ser críticos y conscientes de nuestras propias decisiones y de los procesos que nos llevaron a ellas.

El ejercicio de la autoevaluación en cuanto a los temores e iracundias que conducen a nuestras decisiones es siempre saludable. Reconocer que hay otra mitad de peruanos que no han sido felices con la administración de las oportunidades en nuestro país, y que, ejerciendo sus derechos, buscan los beneficios que se alcanzan con una mejor educación, con un mayor acceso a la salud y con trabajos mejor calificados es importante y útil. Reconocer que existen inequidades que pueden y deben ser solucionadas, es un imperativo para cada uno de nosotros y nos permite una comprensión más cabal de lo que realmente sucede en nuestro país más allá de la burbuja que muchas veces creamos entre nuestros privilegios y el desamparo de tantos compatriotas en los que no pensamos para nada. Desarrollar la tolerancia suficiente para que, con respeto a los acuerdos sociales que se tienen o se alcancen, podamos lograr una mejor convivencia donde el miedo se torne en seguridad, la ira en serenidad y los sentimientos, antes que entorpecer, por fin enriquezcan a nuestras decisiones, constituyen, creo yo, el mandato más urgente que la realidad y, sobre todo, nuestro país, tan urgido de soluciones y esperanzas, nos demanda.

 

Lima, Perú, 14 de agosto del 2021.

 

María del Carmen Alva mostró una actitud cortante con Pedro Castillo en la puerta del Congreso. Foto: Félix Contreras/Fuente: La República.

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Redacción

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