Democracia: modelo para armar 2

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Por: Abraham Rivas 

Para explicar el problema ético que contamina a nuestra democracia, debemos señalar que antes que una crisis política lo que tenemos hoy en el Perú es una profunda crisis moral, que se expresa en la recurrente anteposición de intereses personalísimos sobre los públicos o en la facilidad con que la corrupción brasileña (Odebrecht, OAS, CC, AG) penetró en todos los estamentos de la vida nacional: gubernamental, político, empresarial, profesional.

Como telón de fondo, tenemos una sociedad gravemente afectada por la demolición de sus valores éticos fundamentales, consecuencia de cincuenta años de crisis socioeconómica, fenómeno que ha desestabilizado a la familia, la educación y la disciplina social y que trataremos más adelante cuando veamos la crisis del Estado peruano.

No se trata solo de autoridades o políticos corruptos, los hemos tenido siempre y la obra del extinto Alfonso Quiroz[1] lo confirma. Cada mes gobernadores y ex gobernadores, alcaldes y ex alcaldes, funcionarios y ex funcionarios, ingresan a prisión preventiva o a cumplir condenas como consecuencias de gestiones corruptas y la lista se extiende a miles de servidores públicos investigados o juzgados penalmente. El denominador común es la concertación con los privados (contratistas, intermediarios) para defraudar al Estado, esto es tomar ventaja de la posición para obtener beneficios ilícitos.

Lo abominable de la crisis ética es que el escándalo Odebrecht y sus “hermanas” ha revelado la facilidad con que la corrupción penetró transversalmente a nuestra sociedad, no solo con las autoridades, sino en los partidos políticos (financiamiento ilegal), los círculos empresariales más poderosos (Club de la Construcción, consorcios de construcción pública) y los sectores profesionales (abogados, árbitros, economistas, ingenieros, etc.) quienes no vacilaron en acomodar y adecuar sus opiniones y talentos a los lubricados requerimientos de las empresas corruptas y corrompidas.

Hoy queda claro que los “buenos” orígenes y la buena educación no frenaron la ofensiva corrupta de las firmas brasileñas, que avasalló sin mayor dificultad la fortaleza moral de quienes representaban supuestamente lo mejor de nuestra sociedad. Los “ejemplos” provienen de las mejores familias de Lima y se educaron en las mejores universidades del Perú y el extranjero.

Esto es muy grave, pues demuestra la fragilidad de nuestra ética personal frente a las tentaciones del dinero e influencia fáciles y nos plantea una pregunta crucial: ¿Qué le podemos exigir a un microcomerciante, a un transportista informal o a un policía si nuestra élite social cede sin tapujos a la oferta corrupta?.

¿Qué hacer? Lamentablemente las soluciones son de largo plazo: reconstrucción del orden social, educación en valores, civismo, etc. que comprometerá el esfuerzo de una generación completa. Empero, algunas acciones son impostergables: La transparencia en la gestión pública (decisiones y adquisiciones), el fortalecimiento del sistema de control y del sistema fiscal y judicial anticorrupción es fundamental para edificar una barrera preventiva y/o punitiva que disuada o castigue los apetitos corruptos. Con esto, la construcción de una metodología de seguimiento y vigilancia ciudadana que acompañe cercanamente las acciones de nuestras autoridades, políticos y empresarios.

[1] “Historia de la corrupción en el Perú”
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Abraham Rivas Lombardi

Abogado especializado en las áreas de Derecho Administrativo, Derecho del Arbitraje, Derecho Municipal y Regional, Derecho Constitucional, Derecho Contencioso Administrativo, Derecho Civil, Derecho Procesal Civil y de Contrataciones y Adquisiciones del Estado, Derecho Laboral, Derecho Penal y Derecho Procesal Penal. Egresado de la Maestría en Derecho Empresarial – Universidad de Lima. Profesor universitario con 15 años de experiencia en cursos de Derecho Público. Ex funcionario público con 28 años de experiencia en cargos directivos y de asesoría. Dos veces Regidor Municipal – Lurigancho Chosica y Santiago de Surco.